«La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.»
Torcuato Luca de Tena en Los renglones torcidos de Dios

viernes, 2 de enero de 2015

Háblame de ti, Paco Roca, aunque sea mal




El boca-oreja siempre es importante para un artista. Un ejemplo palmario es el de Paco Roca, tanto a la hora de aproximarse a su obra como a una exposición derivada de ella. Se nota que la muestra Dibujante excitante que ofrece de manera gratuita el Espacio Fundación Telefónica en plena Gran Vía de Madrid está teniendo tirón. Lo certifica el hecho de que, si la primera mesa redonda de la exposición, sobre Andanzas de un hombre en pijama, reunió a una veintena de aficionados el pasado 20 de noviembre, que escucharon las experiencias de Roca, Gregorio Belinchón y Borja Crespo, la segunda superó todas las expectativas. Un auditorio lleno y entregado escuchó el pasado 11 de diciembre una interesante charla sobre Cómic autobiográfico, de la mano del propio Roca, junto a Raquel Córcoles y Juanjo Sáez, con Borja Crespo de nuevo como maestro de ceremonias. Sin pijama, claro, esta vez... O sin camisón, en el caso de Raquel.


Del pueblo a la fama
Raquel Córcoles tiene tres libros en la calle: Soy de pueblo. Manual para sobrevivir en la ciudad (2011), Los capullos no regalan flores (Lumen, 2013, que ya anda por la 4ª edición) y Cooltureta. La novela gráfica (Lumen, 2014). Esta joven ilustradora de 28 años está en boga con su Moderna de pueblo, una suerte de álter ego que protagoniza los dos primeros libros citados. Esta serie empezó en Internet y se desarrolló como libro gracias a la Beca Carnet Jove 2010 de la Generalitat de Catalunya, cuyo premio era publicar una obra, cuando aún las administraciones se interesaban por los jóvenes. Raquel presentó unas tiras y triunfó. Evidentemente, a la hora de crear su personaje buscó un punto humorístico con el que toda esa gente de provincias, como ella, que llegaba a Madrid pudiera identificarse, entre el marasmo de pantalones pitillo, barbas, gafas de sol y hipsterismo exacerbado. «Tonterías frívolas pero divertidas que le pasaban a más personas además de a mí», confiesa. Actualmente publica tiras para la revista Cuore, donde se siente muy cómoda, aunque mucha gente la descubrió en las páginas de El Jueves.

Lo curioso es que Córcoles no había leído nunca cómic -salvando Zipi y Zape y cosas así- hasta que llegó a la capital y se encontró con la colección completa de las obras de Juanjo Sáez en manos de su compañera de piso. Eliminó de su cabeza el estereotipo de las historietas como únicamente reducto de superhéroes. Y en una de aquellas historias, Sáez animaba a quien pudiera a hacerlo mejor que él. Córcoles se animó y hasta hoy. «Y a esas personas les va bien», admitía divertido Sáez. Un Sáez que, por su parte, comenzó con aquel mítico fanzine Círculo primigenio (1995) con peluche rosa como portada. Y si Córcoles podía hablar sobre cómic autobiográfico al crear obras con álter ego (igual que Roca y su hombre en pijama), Sáez no iba a ser menos con su último producto: ni más ni menos que Yo, otro libro egocéntrico (Mondadori, 2010), que el propio autor define como «egocéntrico y catártico, a la par que necesario».


Para Sáez es inevitable hablar de sí mismo: cuando hace ficción habla de sus propias experiencias. Y él cree que casi todos los autores lo hacen en cierta medida. De hecho, la novela gráfica ha pasado por un boom de las historias autobiográficas, y Sáez afirmaba que él pergeñó Yo como una ironía sobre toda esta situación en base a diálogos extremos consigo mismo. El carácter narcisista y exhibicionista de esta actitud no se descarta, ni mucho menos; hay que reírse de uno mismo y de las barbaridades que se dicen, exponerse de modo extremo, cutre, hacer el payaso hasta el final, «que es lo que más me gusta y que es, en definitiva, el centro de mi trabajo». Roca le daba la razón al recordar que quizá no se hacían historias con este cariz en el mundo del cómic desde quizás las del Carlos Giménez de Paracuellos o las de Robert Crumb en el extranjero, en las que el autor aporta su propia voz.

Al fin y al cabo, los dibujantes viven vidas similares a las del resto de los humanos, no son ni más apasionantes ni más divertidas, pero tienen la capacidad de sacarles partido a la hora de plasmarlas sobre papel. Roca admitía que unas veces las historias le buscaban a él y otras veces él era el que podía forzar las situaciones, pero que estaba claro que si siempre tuviera ideas geniales no se parodiaría de la manera en que lo hace. Como no se te ocurre nada más brillante cada 15 días, se recurre a lo que se tiene a mano, tal y como apuntaba también en el primer debate. «Puede más la fecha de entrega que la autocensura», confesaba.

La novata, el desastrillo y el metódico
En cuanto al germen de sus ideas, Juanjo Sáez afirmaba sin pudor trabajar «muy a lo loco». Es más fácil tener un hilo conductor claro como es tú mismo (en el caso de Yo) que cualquier otro, y empezar siempre del principio al final. Coge carrerilla, se embala y... ya. Sin esquema ni orden ni nada (salvo si es animación, donde hay escaleta, guión, storyboard...), para sorpresa del metódico Roca. Palabra de artista... No va con la libreta todo el día por la calle. «Lo que más me gusta es pensar», concluía, mientras rezaba por un gadget que trasmitiera los conceptos y las ideas directamente al folio.

Córcoles, por su parte, se alinea en la ordenada trinchera de Roca. Sorprendentemente, cuando se apuntó a aquella beca, no tenía ni idea de cómic ni de dibujo. Como oyen. Le aburría. Pero se propuso superarse. Se compró muchos cómics, intentó imitar el estilo de lo que iba leyendo y, a base de Adobe Illustrator, lo ha conseguido. Porque sí, amigos, moderna de pueblo sigue sin saber dibujar con un lápiz... o lo pasa bastante mal al menos, «en las firmas de libros especialmente». Aunque no cabe 
duda que es parte del encanto de sus ilustraciones. Al proceder del mundo de la publicidad,se obligaba a pensar con ideas, frases y gags con los que hacer gracia. Ella afirma que de las tres tiras con las que ganó la beca, se salva una y de milagro, pero la han llevado a la fama relativa. Y poco a poco, forzando, y con la práctica, también «vas entrenando la mente». A la hora de crear un libro, va juntando ideas y gags e intenta unirlos bajo temas comunes y un hilo conductor. También necesita muchas horas frente al ordenador para dibujar y, más aún, perfeccionar. O sea, que al desordenado Sáez le ha salido una discípula ordenada y quisquillosa. «No ha aprendido nada, no ha pillado de qué va el rollo», reía Juanjo divertido. Aunque luego admitía con las orejas gachas: «Sin disciplina no hay triunfo, y el trabajo del dibujante es muy sacrificado y hay que echarle muchas horas».

Para Roca, las aventuras de su hombre en pijama suponen oxígeno y diversión con respecto a sus obras más serias y un desahogo también en cuanto a tiempo empleado, tal y como comentaba en noviembre. Amén de un modo de exorcizar neurosis y demonios, de decir cosas que no te atreves en público, aunque sea bajo la base del humor, la sátira y la ironía. No quita los traumas, pero deja una sensación de ya-lo-he-soltado.


Redes y enredos


Los estereotipos son una buena fuente de inspiración para Córcoles, aplicados incluso en gente cercana o conocida, aunque a veces pueda acarrearle problemas. Manifestó así ciertas tensiones que tuvo con algunas feministas calificadas de feminazis («por ellas mismas», afirmaba Raquel) y que se lo reprocharon cuando lo sacó a la luz como si fuera un insulto, al no saber reírse de ellas mismas. Cuando ella pretendía dar visibilidad a una situación, el efecto fue el contrario. Pero tal y como proclamaba Sáez, «ser honesto y no faltar a la verdad no hace daño, y si quieres denunciar algo que crees que no es justo, adelante. Si alguien se molesta, que no te lea y santas pascuas. Forma parte de tu libertad como autor. Es nuestro deber, tenemos la oportunidad de decir lo que pensamos. Es muy importante posicionarse y dar tu visión de tu propio entorno».

Para Sáez, una mina en cuanto a inspiración es una red social en particular y sus infinitos vericuetos y dramas. Ejemplo: a él le encanta la música heavy; si crea sobre eso, «repercusión cero». Sin embargo, si coge Facebook por montera, «se desata el éxito». Y de hecho, siempre tiene su perfil de Facebook abierto mientras dibuja, para pasar el rato e ir cogiendo ideas. Y hablando de redes, en general Sáez y Roca apenas las usan (salvo el cotilleo de Sáez en Facebook, y el retuiteo de ambos en Twitter), mientras que para Córcoles es una de las bases de su éxito, su difusión y un signo de los nuevos tiempos.


¿Y cuál es el colmo de un dibujante que se ríe de la gente? Pues que la gente se ría del dibujante«Una cosa es que tú te rías de ti mismo y otra muy distinta que otros se rían de ti», decía con sorna Juanjo Sáez al recordar el trabajito que dibujó sobre él (y con su mismo estilo) un “amable lector”, que se titulaba Genio y figura e ilustrado con un gran excremento en portada (llegó a ser publicado incluso en 2012). Aunque al principio le asqueó, ahora incluso le da mérito al trabajo y el esfuerzo que dedicó el autor solo por el gusto de criticarle.


Pero una obra, aunque te critique a rabiar, supone que se han fijado en ti. Y estos tres autores han vivido el boom del nuevo cómic y la ilustración en nuestro país, una circunstancia en la que, según palabras de Roca, «el cómic nacional ha recuperado a sus lectores», los autores patrios ya firman en los salones al mismo nivel que los extranjeros (sin tampoco pasarse) y, en definitiva, «se puede publicar y vivir de ello», tal y como apuntaba Sáez, pasándose del cómic como afición al cómic como profesión. Del fanzine a la tapa dura; de tiradas mínimas apenas vendidas a grandes números distribuidos profesionalmente y agotados; del anonimato a Internet y las redes sociales. Luego ya hay autores buenos y malos, cómics buenos y malos, pero eso es otro cantar. Y aunque aún no se ha alcanzado el nivel ni en cantidad ni en calidad (sobre todo en el primer supuesto) de Francia, la burbuja está bien inflada. «Y se va deshinchando un poquito», sentencia Sáez.

Comer... e ir al baño
Estos artistas, aunque tiren mucho de historias autobiográficas, también se dejan caer por el mundo de la publicidad para poder comer. Córcoles procede de ese mundo y ha hecho cosas, por ejemplo, para el Primavera Sound; aunque la libertad es limitada, porque le hicieron modificar alguna frase ya que no captaban la ironía y parodia de la misma (verbi gratia, «este festival ya no es lo que era»). Y siempre hay que andar con pies de plomo: si lo haces bien, puedes hacer en el campo publicitario algunos de tus mejores trabajos; si fallas, te hundes, pues son trabajos muy visibles de cara al público general. Roca también tiene su experiencia en el campo y en esta charla habló de cómo le hicieron quitar unos ancianos del fondo de un cartel, «cuando ahora, curiosamente, lo que más me piden son ancianos». Sáez ha trabajado menos en publicidad, porque le pedían «hacer cosas que no sabía hacer y con un estilo que no era el mío», aunque contaba la anécdota de cómo creó un personaje llamado Rainbow Warrior para Greenpeace, y la ONG le exigió que le disminuyera el paquete del pantalón al héroe y que le eliminara el arco iris del traje para que no pareciera gay. «Y eso que son enrollados...», se resignaba.

Éxito o no, dibujantes como Roca, Córcoles o Sáez son distintas caras de una misma moneda en cuando al buen momento del cómic entre el público. Pese a todo, siempre habrá despistados que no conozcan a los autores que firman en los salones y gente como Paco Roca seguirá dibujando a Batman en la intimidad, o sea, en el baño... Ya todo un clásico suyo. O en el caso de Sáez, rarezas «como un Sherlock Holmes (aunque creo que al final dibujé una cosa extraña con una zapatilla en la cabeza) o una telefonista en honor a la novia de un tipo...». Bendita paciencia...


La próxima cita con Roca y compañía, será en enero sobre Narrar solidariamente. Y volveremos a estar presentes.


Una crónica de Rubén Martín.

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