«La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.»
Torcuato Luca de Tena en Los renglones torcidos de Dios

martes, 2 de diciembre de 2014

Paco Roca, un buen hombre en pijama


Gregorio Belinchón, Paco Roca y Borja Crespo, de izquierda a derecha.
Seguro que no has visto mesa redonda más cómoda...
¿Cuántas posibilidades hay de conseguir de adulto el sueño que uno tenía de niño? ¿Y si añadimos a la ecuación que dicho sueño consistía en trabajar desde casa y, encima, en pijama? Paco Roca sin duda es un hombre afortunado. El valenciano lo ha conseguido. Y, además, haciendo lo que quería: dibujar cómics. Y tanto gusto le ha debido coger el dibujante de postín a estar en pijama por casa que ni siquiera en la Fundación Telefónica de Madrid pudo quitárselo, como bien se aprecia en las imágenes. Aunque esta vez le acompañaron dos compinches: Gregorio Belinchón, periodista de El País, y Borja Crespo, escritor, director, productor, ilustrador... y mil ocupaciones más.


Paco ya ha cumplido su
sueño, pero por si acaso
se ha hecho inmortalizar.
El objetivo de Roca es morir con el pijama puesto una vez encontrada la tan plácida zona de confort. Cual trasunto levantino de Hugh Hefner, el pueblo llano tiene que entender que si viste (si trabaja) con pijama es porque quiere y porque le da la gana. Pero para eso, y -no olvidemos su condición de pareja y padre- a falta de dos rubias esculturales de cada brazo cuando llega el pizzero, la clave es la elegancia de la prenda. Ahí, Roca ganó por goleada el pasado 20 de noviembre, aunque el toque gamberro de Crespo tipo años 20 en Getxo fue impagable. Y eso que Roca tiene pijamas para andar por casa, para presentaciones, para sesiones de fotos... Incluso algunos pijamas regalados por fans, según asegura. Sentadas las bases y puestos cómodos, ya podemos hablar de tebeos.

Pudor en la distancia
La charla a tres estaba motivada por la presentación de (¿lo adivináis?) Andanzas de un hombre en pijama, editado por Astiberri [2014, cartoné, 22x27 cm, color, 80 páginas, 15€]. Este volumen es una recopilación de las páginas publicadas en El País Semanal y continuación de aquel Memorias de un hombre en pijama, y se incluye La voz del autor como reflexión sobre el oficio. Además, incluye 12 páginas inéditas tituladas Las leyes (temporales) del mercado, en las que el Paco del pasado habla con el Paco del futuro, en borgiano reflejo. Roca desveló, para quien no lo conociera aún, a un dibujante, ilustrador o historietista relajado, sincero y sumamente simpático.

Una muestra del humor de lo cotidiano de Roca.
Para empezar, admitió que una de sus fuentes principales de inspiración para estas historias, alejadas del estilo de sus conocidos Arrugas, El invierno del dibujante o Los surcos del azar, son sus amigos. Son ellos los que le cuentan anécdotas y hechos que le sirven de punto de partida. Intenta que las situaciones reflejadas estén ancladas a la realidad lo más posible, pues al exagerar perderían la gracia y la cercanía de lo cotidiano. Del mismo modo, aporta matices autobiográficos, pero manteniendo la distancia con el protagonista, que ni siquiera se llama Paco; aunque no evita sonreír y admitir que visualmente se le parece.

Como autor, Roca siente un cierto pudor ante lo mostrado en estas historias, pero reconoció que a falta de mejores ideas, es la mejor solución para seguir comiendo. «Y al fin y al cabo, la que más se queja de ello es mi novia», confiesa. La cotidianidad provoca que todos podamos sentirnos identificados con ese humor costumbrista (reconoce que es el que mejor funciona), aunque también reflexiona sobre los vericuetos del mundo creativo que tan bien conoce y sobre aspectos políticos.

Amén de alimenticia, esta obra cumple una función oxigenadora para el autor. La fue elaborando mientras facturaba esa ambiciosa obra maestra que es Los surcos del azar y, al ser más divertida, le permitió relajarse y alcanzar nuevos bríos. «Soy cobardón y veleta», proclamó al aclarar que normalmente le da la razón y dice que sí a todo el mundo, como cuando aceptó una entrevista para una emisora de los confines de la TDT. La experiencia concluyó con Roca en una rueda de prensa cualquiera donde se encontraba el cámara que, cual periodista-hombre orquesta (tan comunes en estos tiempos), le iba a entrevistar y grabar. Háganse a la idea. El personaje de Andanzas de un hombre en pijama, por tanto, es para Roca una válvula de escape: «Me permite gritar lo que yo no suelo decir».

El miedo a encumbrar
El Roca del pasado, ese que leía a Frank Miller, se hubiera sentido sin duda traicionado al descubrir que el mayor éxito del Roca del futuro hasta la fecha iba a ser una historia sobre ancianos. Aunque quizá, si reflexionara con frialdad, también alucinaría al descubrir que dicha historia, de nombre Arrugas, le proporcionaría al levantino en 2008 todo un Premio Nacional de Cómic.

Y ese Roca del pasado se sorprendería más aún (y quizás volvería a congraciarse con el del futuro) si supiera que en 2014 dicho premio fue para Blacksad, de Canales y Guarnido, aunque Roca lo tuvo ganado por Los surcos del azar. Según confesó pícaro Belinchón, el jurado admitió que Los surcos del azar era la mejor obra del año, pero se asustaron de darle un segundo premio a sus ¿tiernos? 45 años. Tongo de libro (aunque los méritos de los ganadores eran indudable) y 20.000 euros menos para el “Paulo Coelho de los cómics”, como lo calificó Crespo por su carga de encargos y de trabajo.

Las musas aparecen por descuido
Si bien la rutina de Roca a la hora de trabajar (madrugar, no quitarse el pijama, marcarse un objetivo diario de páginas) se mantiene en cada proyecto, la metodología al aproximarse a cada uno es diferente. Para Andanzas de un hombre en pijama pedía consejo y solicitaba información a gente de su interés como técnicos y científicos si lo necesitaba. Con respecto a Memorias de un hombre en pijama, que recopilaba historias de una página para Las Provincias, las historias de Andanzas de un hombre en pijama suponían dos páginas semanales, por lo que se quedaba corto un sólo gag. Por lo tanto, empleaba la reflexión y cerraba la historia con humor echando mano de quien tuviera alrededor.

En el caso de Los surcos del azar, un descuido suyo fue la clave para iniciar el proyecto. Llegó una semana antes de lo previsto a París, donde debía participar en una charla en el Instituto Cervantes. El despiste le permitió asistir a una conferencia con excombatientes de La Nueve, la compañía de republicanos españoles de la Francia Libre que ayudó a liberar París durante la Segunda Guerra Mundial.

Así surgió la obra, y pudo publicitar el poco tratado exilio español en África y el potente y más conocido final de la liberación de la capital francesa. Le interesaba ilustrar aquel sueño de una lucha sin fin contra el fascismo y en pos también de la liberación de España por parte de los aliados. Aparecen episodios como la posible invasión de España por el Valle de Arán, pero tuvo que dejarse muchas otras escenas en el tintero. El recurso de la entrevista con el protagonista le permitía ganar la verosimilitud que a la novela se le presupone, pero al cómic no.

El recurso de la entrevista hace ganar verosimilitud a Los surcos del azar.
(¿No os encanta el pijama de Borja Crespo?)
En una obra como Los surcos del azar, Roca intenta ser lo más fiel posible, pero se permite ciertas licencias emocionales para hacer avanzar la historia y que el lector la entienda... aún a disgusto de Robert Coale, el historiador que colaboró con él. Tras guionizar esta historia que reflejaría el recorrido de La Nueve hasta París (antes de llegar al Nido del Águila de Hitler) junto a un personaje desconocido llamado Campos, se puso mano sobre el lápiz. Contactó con Coale y, tras convencerle de que se implicara, este le saturó de información y datos rigurosos, y no le dejaba plasmar hechos que no hubieran sucedido.

Perdió capacidad de disfrute debido a la rigidez que le imponía Coale, que le limitaba la ubicuidad que él inconscientemente quería otorgarle al protagonista. También un grupo de Madrid aficionado a las armas y a los vehículos militares de aquella época le ayudaba y saturaba en esa otra parcela específica. Y ambas partes estuvieron haciendo correcciones hasta cuando el PDF final de la obra estuvo listo. Pero tras tres años de documentación y uno de dibujo, entintado y coloreado, la obra cumbre de Roca estuvo lista.

El coñazo de los ancianos
La conversación entre amigos también se dejó caer por el proceso de llevar Arrugas al cine. Roca confesó que, a la hora de abordar el reto, en concreto le ponían nervioso las correcciones que pudiera hacer el director, pero que pesó más el hecho de poder colaborar con otras formas de expresión creativa y lo positivo de que te modifiquen determinados clichés por el camino (como ejemplo, el director de la cinta, Ignacio Ferreras, cambió la maleta de Emilio -el protagonista- que había dibujado Roca por una con ruedas más acorde con los tiempos actuales). Aunque hubo cosas que le chirriaron (pese al impecable trabajo de Ferreras) y que no especificó, salió contento con el resultado. Y se llevó el Goya al mejor guión adaptado estando nominado ese año hasta el mismísimo Almodóvar (y él con unos zapatos de El Corte Inglés que luego sufrió para poder devolver...).

El "coñazo" de los ancianos. Coste que nosotros no pensamos eso, ¿eh?
La visión del ilustrador de la dimensión que había llegado a conseguir con Arrugas la adivinamos con dos anécdotas que deleitaron al auditorio presente: en primer lugar, cuando relató su encuentro con unos españoles en México, a los que indicó que era dibujante de cómics y a los que no confesó que era el premiado autor de ese «libro sobre ancianos que debe ser un coñazo integral» que uno de sus compatriotas afirmaba con desdén que le habían regalado hacía poco.

En segundo lugar, cuando narró un delirante viaje a China y Japón en 2010 con Zapatero, su cohorte y otros creadores punteros del país como Javier Cercas, y en el que él fue elegido como representante del mundo del cómic patrio. En él, tras probar las mieles de la ostentación y el poder por tierras asiáticas, entre gin tonics a go-gó y la Copa del Mundo del gol de Iniesta rotando por el avión, terminó cual Cenicienta sin carroza, tirado por Atocha, sin tren al que embarcar y expulsado de un bar 24 horas inclasificable junto al propio Cercas por dar cabezadas y no consumir. Este desglosa y amplía la anécdota en su extraordinario artículo La ley de la gravedad del poder. Dos juguetes rotos.

Por eso, finalmente, es el mundo cotidiano el que sobrepasa al autor. Y esa es su mejor y última fuente de inspiración. Para las historias de Andanzas de un hombre en pijama saca partido de los sufrimientos cotidianos, como perder un tren, perderse en una ciudad que no conoce, el estrés de la vuelta vacacional, aceptar un trabajo que no le motiva en absoluto... Y admite de paso que así hace caja y puede con ello crear después otro tipo de narraciones más fatigosas, pero mucho más satisfactorias creativamente.


Cuatro de las obras más famosas de Paco Roca: la que nos
ocupa en esta presentación, su predecesora, 
y las aclamadas Arrugas y Los surcos del azar

Otro artista censurado
Para un dibujante con su trayectoria actual, cuesta imaginarle facturando “cómic porno” -como él mismo lo define- en sus orígenes, con la consiguiente angustia y preocupación de su pobre madre. Ese Roca que aún no había traicionado al lector compulsivo. Aquellas historias y dibujos para Kiss Comix y El Víbora (La Cúpula), inspiradas en el cine de John Woo, Tarantino, Russ Meyer o Peckinpah, junto a gente como Miguel Ángel Martín, Gallardo, Max o Liberatore, con volumen y color en 3D... Aunque luego el muy pillo se veía también obligado a trabajar en el campo publicitario para Famosa («con Nenuco y Pin y Pon», recuerda). Todo un choque: «En ambos sectores pedían que el dibujo se pudiera casi tocar», ríe Roca sin remedio. Lo que más recuerda y jamás olvidará son los tres consejos que le dio su editor en La Cúpula, el Sr. Berenguer: «Dibujas muy bien, pero debes hacer los penes más venosos, las vaginas más húmedas y que en las felatios la chica mire siempre al lector».

Hemos visto trabajos de Paco más interesantes,
pero este tiene color y... ¡ejem!

Paco en plan tímido...
... y en plan Exxxcitante.
Muestras de aquellas obras primigenias se pudieron degustar en 2012 en la exposición paralela Dibujante exxxcitante en la Galería Mr. Pink de Valencia cuando el MuVIM (Museo Valenciano de la Ilustración y la ¿Modernidad?) decidió censurar esos contenidos de la exposición genérica que ofrecían sobre Roca. Precisamente, esa es la exposición que se celebra ahora hasta el 15 de febrero en la Fundación Telefónica, titulada Dibujante ambulante, y que cuenta con más de 200 piezas desde el año 1995.

Solidaridad y futuro
Pero no sólo de porno o premios vive el dibujante, y la solidaridad es una de las facetas de las que más orgulloso se mostró Roca al hablar del proyecto Viñetas de vida, en el cual colabora para Intermón Oxfam. Diversos ilustradores fueron invitados a visitar países en desarrollo como República Dominicana, Nicaragua, Marruecos o Colombia y así aportar su particular visión del trabajo que realiza la ONG en dichos lugares. A Roca le correspondió Mauritania.

Es imposible imaginar sonrisa más sincera.
El futuro quizá le depare a Roca una parada por un mundo que le gusta, como es el de los superhéroes, aunque en su breve experiencia en 2007 como colorista de Salvador Larroca en Sensational Spider-man Annual #1 acabó siendo apartado por demasiado lento y minucioso. Su anhelo, según confiesa con un brillo especial en los ojos, sería revisitar algunos personajes del pasado como Blake & Mortimer, pero con total libertad y sin cortapisas; sin tener que dejar al personaje tal y como lo recoge de inicio, modelándolo y alterándolo, pero sin que pierda la esencia.

Por lo pronto, este peculiar hombre con pijama de Andanzas de un hombre en pijama va a ser también llevado al cine, así que estamos deseosos de comprobar el encaje de las historias en la gran pantalla. A tenor de lo escuchado en esas dos horas, un asistente no pudo evitar catalogar a Roca de “buen hombre”. Pero él ya avisa: le apetece desmarcarse y hacer “algo gamberro”. ¿Como en sus inicios?

Paco en plan "un poco gamberro", "un mucho gamberro" y "tan gamberro"que le tiraron la propuesta del cartel.

Que haga lo que quiera. Lo que sí es a sus, una vez más, tiernos 45 años es un artista como la copa del pino. Quien no lo conozca aún tiene ocasión de comprobarlo. El 11 de diciembre repite charla en el mismo lugar sobre “Cómic autobiográfico” junto a Juanjo Sáez, Carlos Carrero y Raquel Córcoles; en enero tratará sobre el arte de “Narrar solidariamente” y ese proyecto, Viñetas de vida, junto a Miguel Gallardo; y en febrero tocará “La guerra en viñetas y fotogramas” con invitados aún por confirmar.

Y tranquilo, Paco. Seguro que pronto llega ese segundo Nacional de Cómic, que en realidad sería el tercero... Y los que te quedan.



Una crónica de Rubén Martín.

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