«La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.»
Torcuato Luca de Tena en Los renglones torcidos de Dios

jueves, 22 de mayo de 2014

Lektu: cuando es más fácil (y mejor) comprar que piratear

El panorama cultural ha vivido su entrada en el nuevo siglo con una palabra bien marcada en la frente: piratería. Las bondades de la red de redes convirtieron a los apasionados al cine, a la música y a la literatura en consumidores cada vez más voraces gracias además a la tentadora presencia de cada vez más material en las llamadas redes de intercambio o peer-to-peer. Mucho, a golpe de “clic” y de forma gratuita. La polémica no tardó en explotar y amplificarse además con la implantación por parte de productoras, discográficas y editoriales de tecnologías de control de acceso, los conocidos como DRM (gestión digital de derechos) o dispositivos anticopia. La literatura no es ajena al debate. ¿Proteger los derechos del autor o respetar la libertad del consumidor a distribuir las obras, descargarlas en los dispositivos que elija y visualizarlas cuantas veces desee sin que el proveedor tenga por qué saberlo?

Si nos centramos en el ámbito literario, los libros electrónicos o e-books han sufrido también la copia ilegal. ¿La culpa es solo del consumidor? Quizá el precio desproporcionado de esta modalidad de libros ha sido un handicap demasiado fuerte hasta ahora, teniendo en cuenta el ahorro en gastos de impresión y distribución que beneficia a las editoriales; a esto se le une una posición conservadora y poco realista de muchas de ellas sobre un formato novedoso y que llega para quedarse. Puede que no destierre el mágico olor de las páginas del ejemplar físico (nadie lo pretende), pero es una porción de la tarta que no debe desdeñarse. Y hay que hacerlo con visión de negocio, ideas frescas y pensando en el lector más de lo que se hacía hasta ahora, aunque sin criminalizarlo. Básicamente, hay que confiar en él, ponérselo lo más fácil posible y aportarle valor añadido.

David Fernández, Farid Fleifel y Alejo Cuervo en la presentación de Lektu.

En un marco de juego en el que los lectores han eliminado al intermediario, hay que atraerle con precios racionales, facilidad de compra y transparencia en el reparto de beneficios. Y es ahí donde aparecen plataformas tan interesantes como Lektu, presentada de manera oficial el pasado martes 20 de mayo en la Fundación Telefónica de Madrid. No es la primera, pero aporta suculentas novedades. Tras comenzar su desarrollo en diciembre de 2013, la versión beta se lanzó en abril de este año. Cuatro son las patas fundadoras de Lektu: David Fernández, fundador de la librería online Cyberdark.net y especialista en comercio electrónico; Farid Fleifel, experto también en comercio electrónico y con experiencia como director tecnológico en Amazon BuyVIP o Spanair; Alejo Cuervo, librero y editor al frente de Gigamesh; y Cristina Macía, autora, traductora y coordinadora de publicaciones. Como vemos, el mundo editorial y el comercio online se dan la mano a través de sus gestores para aportar tanto experiencia en venta a través de la red como en negociaciones editoriales.

Lektu se define como una plataforma online de venta de e-books (en el futuro no descartan incluir música y cine en el negocio; no en vano, su lema es “cultura digital”) que pretende ser un punto de encuentro entre los derechos de escritores, editores y lectores. Como libreros, quieren aportar nuevos modelos de comercialización; como editores, desean apoyar al pequeño y mediano editor y ayudar al resto a vender sus catálogos digitales de modo más efectivo; como lectores, mejorar la experiencia y sencillez de compra, y generar competencia. Admiten haber bebido de otros campos como el de los videojuegos y de iniciativas extranjeras. Sus pilares básicos son: ausencia de DRM (el comprador es dueño del contenido que descarga) y facilidad de uso y descarga. La ausencia de DRM era una base innegociable, pues supone un coste añadido e innecesario al precio del e-book, y ese plus lo acaba pagando el lector. Dan libertad al usuario para hacer buen uso del libro. Lo prestarán a familiares o amigos si lo desean, pero en Lektu confían en que no lo suban a una red P2P. Aunque tampoco les importa; no afrontan la piratería pues realmente no la contemplan, ya que proporcionan facilidad extrema de uso para que sea tan fácil descargar legalmente en la plataforma como ilegalmente. “Sólo el mediocre debe tenerle miedo a la piratería”, sentenciaba Cuervo, pues la piratería realmente es un síntoma de salud comercial. Los piratas son también los que más consumen y pagan.

La facilidad de compra y uso se ejemplifica en varios puntos; por un lado, la interfaz es clara y amigable. Por otro, el usuario puede pagar tanto mediante Paypal como con tarjeta de crédito, pudiendo preregistrarse previamente la tarjeta para que comprar sea tan sencillo como pulsar un botón y listo. Aunque también puede optarse por que el sistema solicite el CVV o código de seguridad para evitar compras indeseadas. Además, Lektu da especial importancia a la seguridad: en ningún momento posee la información de las tarjetas, pues han delegado esa cuestión a expertos en gestión de medios de pago. Otro modo de pago muy interesante que se plantea es el pago social, es decir, si el editor así lo dispone podremos abonar nuestra compra mediante una mención de la compra en Twitter o Facebook; la editorial gana en visibilidad y publicidad y el lector obtiene el premio de la obra. En un par de meses se pondrá en marcha además el llamado pago voluntario o dinámico (el lector decide cuánto paga a partir de un precio mínimo), un sistema que ya se utiliza sobre todo en la industria del videojuego. En cuanto a precios, el editor tiene libertad absoluta, sin precio mínimo (en Amazon es de 0,89€).

Interfaz de Lektu

Otro aspecto a favor es que sin los DRM, el usuario puede prestar o trasladar el ebook con un lápiz de memoria, o enviar los libros que adquiere a cualquier dispositivo que posea y tenga sincronizado mediante su cuenta de correo. Los formatos son ePub, mobi o PDF. Al editor, se le ofrece la posibilidad de, si lo desea, incluir en los libros marcas de agua, tanto visibles como invisibles, para trazar de dónde provienen los archivos aunque hasta ahora sólo un 10% de los e-books de la plataforma hacen uso de ellas. Además, no exige exclusividad a los editores. Lektu quiere funcionar en el futuro como un repositorio o biblioteca del resto de ebooks que hayamos comprado en otras plataformas, pudiendo almacenarlos juntos sin problemas, además de abrir la puerta a los autores autoeditados para que distribuyan en su plataforma.

De momento, el catálogo de Lektu se centra fundamentalmente en ciencia ficción y fantasía, pero va incorporando otros géneros. Hasta el momento hay implicadas 29 editoriales, entre ellas la propia Gigamesh, que ofrece por primera vez en ebook en España la exitosa saga Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin. Para Alejo Cuervo, cuanto más suave sea la intermediación entre lector y autor, mejor será el entorno, y el lector se merece saber las cantidades del reparto de modo transparente. En Lektu, del precio de compra el autor se embolsa el 50%, la plataforma el 25% (Amazon, por ejemplo, sube hasta el 50% para editoriales y un 30% para libros autoeditados) y el 25% restante es para la editorial (contando un 12,5% para traducción y corrección y un 1% para el portadista). Como se ve, la editorial se embolsa un 11,5% neto mientras que la propiedad intelectual de los distintos autores genera un 63,5%. El porcentaje que gana Lektu es para cubrir costes de desarrollo durante unos años, pues el objetivo es que vaya bajando hasta que sea mínimo. Su objetivo es “dar servicio más que ganar dinero”. Una posibilidad interesante y novedosa que está en desarrollo es que el lector, una vez conozca de modo transparente este reparto, pueda premiar a cualquiera de las partes en reconocimiento a su trabajo con un coste extra que él establezca.

Para los editores, amén del aspecto mencionado de las marcas de agua, otra ventaja es disponer al instante de datos analíticos sobre de qué país y ciudad proceden ventas y visitas. Eso supone que Lektu disponga de geolocalización a causa de los acuerdos comerciales, de tal manera que se identifique la procedencia del comprador por IP. Así, determinados títulos no estarán disponibles desde algunos países. Una ventaja añadida del formato digital es poder ofrecer capítulos sueltos, mezclar libros, ofrecer packs…, pero todo depende de acuerdos concretos con las editoriales. Gigamesh ha aderezado el lanzamiento de Lektu con el regalo de 1.000 copias electrónicas de Juego de tronos, en una promoción, #1000tronos, solo disponible en nuestro país, a quienes ya posean cualquiera de las ediciones en papel del mismo título. Es tan sencillo como mandar a contacto@lektu.com una fotografía de la página de copyright del libro, con el email personal escrito en ella.


Esta promoción sirve de ensayo y banderín de salida de una plataforma que esperamos crezca y se convierta en tendencia. ¡Bienvenidos!

Una crónica de Rubén Martín.
 





Escucha nuestra entrevista a David Fernández, director comercial de Lektu

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