«La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.»
Torcuato Luca de Tena en Los renglones torcidos de Dios

jueves, 8 de noviembre de 2012

El trabajo

Me desperté totalmente desorientado, sin recordar nada de lo ocurrido la noche anterior. Miré a mi alrededor y solo pude observar una habitación patas arriba. De pronto me di cuenta de algo importante: ni siquiera recordaba mi propio nombre ni lo que estaba haciendo allí. Decidí registrar la habitación a ver si conseguía hallar algo que me resultara familiar, pero sin resultado. Entonces, al mirar en el abrigo que llevaba puesto encontré un sobre, en cuyo interior había una fotografía. Tras mirarla detenidamente llegué a la conclusión de que el rostro que aparecía tampoco me resultaba conocido. Acto seguido, me dispuse a salir a la calle a buscar respuestas para las preguntas que asaltaban mi mente.

Al salir a la calle, nada de lo que pude ver me sonaba de nada, era como si nunca hubiera estado allí. No lo pensé dos veces y comencé a caminar.

Tras varios metros, algo me provocó una extraña sensación; la sensación que se tiene cuando crees que alguien te está siguiendo. Seguí caminando hasta que de pronto, alguien chocó conmigo, me agarró del brazo y me entregó una llave con el número 426. Llamé a aquel hombre, pero hizo caso omiso de mis llamadas y desapareció, así que supe lo que tenía que hacer: descubrir a donde pertenecía. Comprobé si llevaba algún otro grabado y vi que pertenecía a las taquillas del metro Me dirigí a la estación a intentar descubrir algo que me ayudase a recordar.

Finalmente llegué a la estación, y me dispuse a buscar la taquilla hasta que di con ella.

Actué con total normalidad para no llamar la atención de los vigilantes, y con mano firme, abrí la taquilla. En su interior pude ver una mochila que saqué discretamente, y me dirigí a comprobar su contenido. En uno de los bolsillos encontré una cartera que abrí inmediatamente para comprobar si había alguna documentación, y hallé un carnet con mi fotografía y mi nombre. Después encontré un arma junto a una nota en la que constaba un nombre y una dirección. Entonces escuché que algo sonaba en el interior de la mochila. Se trataba de un teléfono. Con mano temblorosa contesté y oí una voz que me dijo: haz el trabajo o no volverás a ver a tu familia. Y acto seguido se cortó.

Comprendí entonces lo que tenía que hacer…

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