«La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca.»
Torcuato Luca de Tena en Los renglones torcidos de Dios

lunes, 26 de noviembre de 2012

Astartes

‎- ¡Dos minutos! – gritó el piloto de la Stormbird para hacerse escuchar por encima del rugido de los motores.

Contemplo con mi mirada perdida al resto de la escuadra, a mis hermanos. Han pasado ya muchos años desde que comenzó la Gran Cruzada del Emperador, un proyecto para unificar a todas las civilizaciones humanas que existieran por la galaxia. Tras la Era de los Conflictos, muchas colonias humanas instaladas en otros planetas perdieron la comunicación con Terra, la cuna de la humanidad. Cuando el Emperador unificó a todas las tribus guerreras de Terra, comenzó su sueño de unir a toda la raza humana y fundar el Imperio.

Para poder lograrlo, usó su semilla genética para crear a los héroes que liderarían sus ejércitos. Los Primarcas. A partir de ellos, fuimos creados nosotros. Las técnicas más avanzadas en genética permitieron crear a un guerrero letal, capaz de sobrevivir en los mundos más inhóspitos y hacer frente a cualquier amenaza que sufra el Imperio.

Hemos sido entrenados para exterminar a cualquier raza alienígena que suponga un peligro. Damos la vida por nuestros hermanos, por el honor de la Legión y por el Emperador de la humanidad. No pensamos en nada más, no tenemos nada más salvo el deber. Bajo nuestros hombros, tenemos la carga y la responsabilidad de mantener a salvo el Imperio.
Porque solo en la muerte es donde encontraremos el fin de nuestro deber.

- ¿Capitán? ¿Está listo? - me preguntó el sargento.
Saqué la espada sierra de su funda para echar un vistazo al estado de los dientes. Al ver que estaban perfectos, volví a enfundarla y miré al sargento a los ojos.
- Sabes que siempre estoy listo – le contesté con una ligera sonrisa.

La nave empezó a descender de forma más brusca, lo cual indicaba que estábamos ya muy cerca del objetivo. Volví a mirar al sargento, y le dije:
- Matar por los vivos.
Puso una mirada más seria y me contestó, mientras alzaba su puño izquierdo en horizontal, apuntando hacia mí.
- Matar por los muertos.
Alcé mi puño derecho y lo choqué con el del sargento.

Al ponerme el casco de la servoarmadura Mark IV, vi que todos los indicadores estaban en verde. La Stormbird tomó tierra con un estruendoso sonido y enseguida salimos para tomar posiciones y enfrentarnos al enemigo.

¿Cómo? ¿Qué quienes somos? Somos Astartes.

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